Cada vez los servicios se parecen más entre empresas, la fabricación se externaliza y cada vez es más complicado diferenciarse de la competencia. Si a eso le sumamos la verdad universal de que las empresas son sus empleados, tenemos como resultado que cada vez habrá que mirar mejor a quién contratamos.
Ya no es tan fácil saber a quien contratar. Ahora muchos tienen título. El título te hace simplemente ponerte en la linea de salida, no como debería ser una demostración de conocimientos.
A principios de verano, contratamos a un programador nuevo y le asignamos un proyecto muy sencillo para él solo. No lo ibamos a meter directamente a participar en uno más grande sin conocer la metodología que usamos. Venía bien avalado por el título de un módulo de programación y terminando la carrera técnica de ingeniería informática. Ha sido un desastre.
El proyecto no tiraba bien y lo peor ha sido cuando hemos tenido que arreglarlo para que el cliente no nos matara, y aquello era una lista de letras sin orden. El proyecto sencillo, nos ha salido caro.
Cuando cada vez es más difícil encontrar la trampa (conozco uno que tiene 40 años y va de trabajo en trabajo porque es un poco muy inútil y lo despiden y va con títulos falsificados y demás) me pregunto cómo podríamos minimizar el coste por equivocación. Evidentemente, lo que primero se viene a la cabeza es no equivocarse.
Nosotros tenemos que rehacer el test que deben resolver los aspirantes, pues hemos visto que ya no es eficaz. Pero me surge otra duda… aquí tenemos test de aptitudes, pero ¿qué pasa si no son tan necesarios los conocimientos técnicos, pero sí que el empleado tenga un mínimo de sentido común, no cree mal ambiente en la oficina, sea trabajador en equipo, etc.?
Vía Carlos Blanco veo este vídeo y me pregunto si estudiar ciertos hábitos al volante de los aspirantes, pueden ser eficaces a la hora de evaluar su contratación.
Está claro que ese vídeo, no me indica si sabe hablar latín perfectamente, pero para otro puesto, quizás de dirección o de control de almacén (por ejemplo) sería una contratación nefasta.
Y yo apuntaría más, puesto que una persona así yo no la quiero en la empresa por la sencilla razón de que no hablamos de que no sepa conducir (mete las marchas correctamente y sabe girar el volante), sino de su falta total de orientación, sentido común, orgullo y capacidad de resolución de problemas. Una persona inútil.
Este es un caso muy concreto, pero analizando la conducción general se puede saber bastante de la personalidad de las personas. El que no permite la incorporación en vías, el que obliga a los demás a ir a su velocidad, el que no respeta a los demás conductores, el que no respeta las señales, etc.
Todo eso te puede indicar cosas más importantes a la hora de crear un buen equipo de trabajo, que si realmente sabe lo que es un bucle for o si habla latín. Siempre puedes contratarlo desde casa si es bueno técnicamente.